4 jun. 2017

Estancia fugitiva, de Aurelio González Ovies

Aurelio González Ovies. Madrid, mayo 2017. Foto: Marigabrielle Carrillo



Esta es mi casa.
Te abro sus puertas.
Entra y comparte el calor
que habito. Mi amor aún
duerme. Mira la vida
que edificamos.
Mira su amparo.

Nada nos falta,
solo más tiempo.

(Aurelio González Ovies)

Si algo nos sucede en la vida fundamental, elusivo, duradero e íntimo, ello ocurre dentro de nuestra casa. Nuestra estancia. La que tenemos o hemos tenido, la que ha sido y la que podría ser. O una mezcla de todos los espacios que han transitado por nosotros, los reales y concretos quizá pasados y los soñados acaso, que podrían ser nuestro futuro.

Aurelio González Ovies, en un año especialmente prolífico,  acaba de publicar Estancia Fugitiva, bajo el sello Creática, en la colección La Grúa de Piedra. El poemario se extiende en un formato horizontal que parece desdoblar el tiempo creativo sobre el tiempo existencial. Ingrávido nos pesa en las manos como solo sabe pesar el tiempo fugitivo, ese que nos deshebra y labra, que nos deja exangües al colmarnos y así todo en contrario de sí mismo desde el fin hasta el comienzo.

El poeta sostiene la tragedia humana del devenir irremediable  con un amor infinito que puede convertir la sombra de la ausencia en presente luz. Así, en Recurrencia, nos dice:

Sueño con lo que tengo.
No aspiro a más
que a despertar
                 día tras día
y al comprobar tu luz
desprenderme de sombras.

¿Hay ejercicio más humano que el intento de habitar en nuestra fugitiva estancia? Ahí crecer, desenvolverse, nacer de un cierto modo, asomarse hacia la muerte, quizá nacimiento o lugar del definitivo encuentro, de la imposible recuperación de las eurídices? Orfeo no lo sabe, no tiene la certeza, de ahí la belleza de su música:

ÓRFICA

¿Si bajara
             a
                         la
                                     muerte,
te encontraría?

El poeta pregunta, porque todos preguntamos o no debemos dejar de preguntarnos por el tiempo, aunque así nos demos cuenta que no sabemos, que no podemos saber a dónde va toda esa ¿aparente?... 

PLENITUD

Solo cuando entro
en ella
                     salgo
de este vacío mundo
que me encierra.

¿Estamos encerrados, entonces? ¿Somos la arena que se desliza hacia otra parte de nuestro propio reloj? ¿De la realidad al sueño y viceversa, en un tránsito de equivocaciones y aciertos que a su vez cambian de signo, acostumbrándonos a su vértigo? Podemos, con el poeta, alcanzar la sabiduría, aventurar el riesgo de una ...

REVELACIÓN

La realidad es
un instante del sueño.
El sueño es una fase
de la mentira.
La mentira es un recuerdo
de una verdad.
La verdad es un resquicio
de la memoria.
La memoria 
el sueño de otra realidad.

Este tiempo que somos y que no sabemos, esta alma y este cuerpo y este amor que somos son estancia fugitiva. Huímos sin cesar y estamos incesantes. Esa condición es nuestra casa. Lo será y lo ha sido. Así nada nos falta, solo más tiempo.

María García Esperón
Roma, 4 de junio de 2017.